Uno de los temas más interesantes que nos planteamos en el último año de Criminología fue el dedicado a la delincuencia de cuello blanco. El concepto de delincuencia de cuello blanco, usado por primera vez por Sutherland en su obra "White Collar Crime", se refiere a los delitos cometidos por una persona de respetabilidad y de “status” social alto en el curso de su ocupación. Y en concreto con delincuencia económica nos referimos (en palabras de Niggemeyer) a los que delitos “que se cometen, explotando el prestigio económico o social, mediante el abuso de las formas y las posibilidades de configurar los contratos que el Derecho vigente ofrece, o abusando de los usos y las razones de la vida económica, basados en una elevada confianza, delitos que, de acuerdo con la forma en que se cometen y las repercusiones que tienen, son idóneos para perturbar o poner en peligro, por encima del perjuicio de intereses particulares, la vida o el orden económico.”
Una vez sacadas de en medio esas definiciones, vamos a pasar a lo interesante: ¿Quiénes son estos sujetos que pueden cometer, normalmente de forma impune, un daño tan elevado a la sociedad?
Las características típicas de un delincuente de cuello blanco son las siguientes:
1) Materialismo: solo da valor a los bienes materiales, es un auténtico maníaco, su tensión patológica se libera con la ganancia, tiene una psicología similar a la del jugador compulsivo.
2) Egocentrismo: no alcanzan a lograr afectividad, esta soledad la compensan mostrándose generosos económicamente.
3) Narcisismo: son soberbios, inestables, y esto se traduce a su situación social, suelen ser muy audaces.
4) Peligrosidad: no valoran los límites éticos.
5) Hipocresía: son fríos y se muestran generosos y complacientes.
6) Neuróticos. Además, falta de conciencia de culpabilidad, debido a que estos actos no provocan
reacción social, ya que hay personas (demasiadas) que no los consideran delitos.
Estos sujetos interpretan las normas jurídicas no como un medio para la protección de los intereses de particulares y de la sociedad en general; sino como las reglas de una especie de "juego". A su modo, el delincuente de cuello blanco "ideal" es muy parecido al delincuente tradicional "ideal": ambos utilizan bienes y personas para su propio beneficio sin el menor de los escrúpulos.
Ambos tipos de sujetos muestran una gran insensibilidad hacia los demás y hacia las consecuencias de sus actos. La gran diferencia reside en el estatus social: si pueden mantener dicho estatus social es por el hecho de que sus actos no son tan mal considerados, o cuando menos, no tanto como debieran si tenemos en cuenta los daños causados. Un sujeto que roba una cartera en un mangante, pero uno que desfalca millones de euros es un "tipo listo". Y desde luego, no cabe duda de que la gran mayoría de nosotros, si tuviera que elegir, preferiría cenar con un sujeto como Maddof (responsable de estafar más de 50.000 millones de dólares) que con el delincuente tipo de nuestras prisiones, aunque sólo sea responsable de un robo de un vehículo por ejemplo.
Es imposible calcular el daño que causa en la actualidad este tipo de delincuencia. Si sólo nos ceñimos a lo económico es completamente factible que los daños cuatripliquen a los causados por la delincuencia "tradicional" (así se observó en cifras posteriores a la segunda guerra mundial en Estados Unidos, tomando exclusivamente quiebras fraudulentas y la venta de efectos carentes de valor: 1.000 millones de dólares de daños frente a los 250 millones de la delincuencia tradicional). Pero los problemas causados van más allá de lo económico. La salud pública también está en juego ante las actuaciones de estos delincuentes.
Y es que en los últimos años estamos observando como los responsables de los Cárteles mexicanos están convirtiéndose en una suerte de nuevos delincuentes de cuello blanco. Aprovechando su enorme poder económico, han logrado el control de toda clase de instancias del Estado. Esto no es nuevo: la mafia italoamericana, de la que apenas sabemos nada desde hace tres décadas (y eso habiendo aumentado su poder...), tiene el control en los Estados Unidos del principal sindicato de transportistas, cadenas hoteleras, lavanderías, casinos... La fuerza de esta clase de organizaciones es incuestionable, pero aun hay instancias más elevadas por encima.
Y es que en las esferas más elevadas del narcotráfico no se encuentran realmente los líderes de los Cárteles o de las distintas mafias (como la rusa o la china) que a nivel global se encargan de su adquisición, almacenamiento y distribución. Por encima de estas organizaciones (ya de enorme poder) se encuentran los Grandes Narcotráficantes, cuya labor en el proceso es la de financiar las operaciones llevadas a cabo por las organizaciones anteriores a cambio de suculentos intereses; así como la de blanquear ingentes cantidades de capitales provenientes de dichas operaciones. Nunca tratan directamente con la droga con lo que detenerlos resulta casi impensable.
De hecho, nunca se ha descubierto la identidad de
ninguno de estos sujetos: sabemos que existen (ante la imposibilidad de que el narcotráfico a escala global funcione de otra forma), pero no quienes son. Y por su enorme poder, no parece factible que podamos aspirar, con los medios policiales actuales, a que se capture a ninguno jamás. Las policías de los distintos países del mundo pueden encarcelar a los eslabones más bajos de la cadena, pero cuando ya resulta casi imposible combatir a los "medianos" narcotráficantes (los Cárteles, mafias...) ¿Cómo detener a quién ni siquiera se involucra directamente con la droga? Esta delincuencia invisible, que resulta cada vez más poderosa, es uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan sin duda los gobiernos del primer mundo. Pero la cuestión es la siguiente ¿Tienen los medios o, siquiera, la voluntad para hacerlo? Eso es algo que veremos en las próximas décadas.






Creo que la diferencia a la hora de elegir comensal, en el ejemplo que pones, no estaría tanto en el dinero como en la propia sensación de seguridad de cada uno. Al delincuente común lo percibes como una amenaza más directa y tangible. Madoff, en cambio, no te agrediría, no te robaría la cartera, no se llevaría tu coche o te seguiría a casa para hacerte una segunda visita. De hecho, es bastante probable que se mostrase cordial y educado durante toda la cena y pagase él la cuenta.
ResponderEliminarPero es que la gran mayoría de personas que van a prisión no vuelven a delinquir y la grandísima mayoría no son una amenaza para nadie... Es un estigma bastante injusto ese. Tipos como Maddof no te robarán la cartera, pero igual son responsables de que quiebre la empresa para la que trabajas, o incluso de que te mueras (el Caso de la Colza, siguiendo la versión oficial). Y por encima muchos son unos psicópatas de tomo y lomo que han elegido esta forma de delincuencia como modo de diversión... (Maddof no, eso sí). Si pudieran robarle un caramelo a un niño sin consecuencias, lo harían xD.
ResponderEliminarYo si tuviera que quedarme en una isla durante un mes con 9 delincuentes al azar, teniendo que elegir entre los de un módulo de respeto de Teixeiro o 9 de los de arriba, me quedaba con los de Teixeiro sin dudarlo... pero eso sí, gracias a haber tenido trato con algunos de ellos.
Qué fuerte, Calo. Como en las películas!! Esa gente sí que tiene poder! Y digo yo... ¿sois los criminólogos y criminólogas quienes os vais a encargar de desenmascarar a esas personas? Debe ser superpeligroso meterse en un caso de esos, no??
ResponderEliminarLos criminólogos y criminólogas deberían dar soluciones de política criminal para ayudar a combatir el narcotráfico en general, pero luchar contra los Grandes Narcotraficantes (que son un círculo reducido de sujetos)me parece fuera de nuestro alcance. Porque la clave para pillarlos sería luchar contra el blanqueo de dinero y tener un control férreo de sus empresas y de la economía en general a un nivel global... y ni siquiera lo hemos conseguido a un nivel europeo.
ResponderEliminarAunque en España en concreto se tenga tolerancia cero con el blanqueo de dinero ¿de qué sirve cuando tienen un lavadero al lado en Gibraltar? Y fíjate que eso es en Europa, si ya sales de Europa la cosa está peor...
Basta ver como están los países de la ruta de la seda (por la que nos llega la heroína): desde China, India y Birmania (los líderes de producción de heroína) la droga nos llega por Pakistán-Afganistan-Irak/Irán-Turquia. En estos países por los que pasa la droga la situación no es paradigma de estabilidad que digamos y no es casualidad: si el gobierno de un país de paso no está ya comprado (o directamente compuesto) por Narcos Medianos lo desestabilizan creando conflictos, financiando células terroristas, lo que sea necesario...
Hablamos de sujetos con un poder superior al de países enteros: en Italia la actividad de los narcos supone el 7% del PIB. En Mexico algunos lo estiman en el 40% del PIB... si ya es difícil luchar contras la Mafia o los Cárteles ¿Cómo luchas con alguien que es tan poderoso como para financiar sus operaciones desde la sombra?
Yo no creo que pillemos nunca a ninguno, pero en Europa por lo menos podríamos intentar acabar o limitar los paraísos fiscales que tenemos en nuestra área de influencia: con eso daríamos un golpe mayor al narcotráfico que con todas las operaciones policiales que se han hecho a lo largo de la historia.
Con esto quiero decir que vamos, aunque no los pillemos, por lo menos intentemos ir a por sus bolsillos... hasta ahora, nunca se ha intentado luchar de verdad contra las más altas esferas del narcotráfico: por lo menos no les dejemos campar a sus anchas...
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